Programas de simulacion operativa en seguridad privada

Programa de Simulación Operativa

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Han sido numerosas las ocasiones en las que se han intentado implementar programas de formación de este estilo, hablamos de programas de simulación operativa. En este artículo, pretendo dar una visión de lo que una formación de estas características, en mi opinión muy necesaria, debería de incluir.

Un programa de entrenamiento que en CIFS hemos denominado PSO (Programa de Simulación Operativa), se debe dirigir por un principio de adiestramiento bien conocido: entrena como trabajas y trabaja como entrenas. En nuestra opinión este tipo de formación debería ser obligatoria para los Vigilantes de Seguridad, Escoltas Privados y para todo el personal de seguridad en general.  Desde luego no pretendemos inventar un método o sistema nuevo, sólo ofrecer una visión de la formación que los alumnos que quieran ponerse a prueba y aprender en un entorno de trabajo basado en las situaciones reales, deberían tener disponible. Un programa de simulación es, en el fondo, un escenario interactivo en el que desarrollar destrezas útiles para el Vigilante de Seguridad, el Escolta Privado o el operador de seguridad.

La idea principal de todo el programa es la de entrenamiento funcional y basado en la realidad para, huyendo de un excesivo encorsetamiento en la acumulación de técnicas, acercarse más a una formación instintiva.

 ¿Qué principios deben conformar el programa de simulación para personal de seguridad?

“Principio Conceptual Primario” nuestros instructores deberán creer firmemente en la necesidad de transmitir al alumno conceptos clave o llave, que se repiten en multitud de situaciones operativas. La idea es que, conociendo el concepto y su importancia, el alumno encuentre su forma de abordarlo. Teniendo en cuenta que muchos de los estudiantes presentan grandes carencias en cuanto al tiempo disponible que tienen para entrenar, entendemos que la asimilación de estos grandes conceptos (detección temprana de la amenaza, distancia de seguridad, control del entorno operativo, etc) es vital para que puedan afrontar las intervenciones con más seguridad

“Principio de conciencia situacional y gestión de la amenaza” entendiendo cada intervención como una gestión de tiempo, riesgos, estrés, personas y entornos, debería enseñarse al alumno  a gestionar la amenaza de manera eficaz. Una actitud operativa adecuada y previa a las intervenciones, es crucial para que situaciones extremas nos cojan un poco más preparados. La idea es que los alumnos desarrollen una conciencia correcta de los diferentes tipos de riesgos a los que se enfrentan, y que por lo tanto desarrollen una mayor capacidad de aplicación de medidas preventivas ante situaciones de riesgo o gran riesgo.

“Principio de adiestramiento operativo funcional” las técnicas desarrolladas deben ser funcionales. Para nosotros esto significa que las técnicas enseñadas deben ser sencillas de aprender y sencillas de implementar por cualquier alumno. Si las mecánicas de movimiento son complejas y no obedecen a los movimientos instintivos del alumno, no serán asimiladas. Si el alumno experimenta la sensación de que lo aprendido no podrá ser aplicado, o no se ajusta a lo que vive en sus intervenciones diarias, la experiencia formativa no le será de utilidad.

 En el programa de simulación  habría que centrarse en lo que sabemos que funciona y en los entornos en los que funciona. El adiestramiento ofrecido por el programa debe estar basado exclusivamente en la realidad para que funcione en situaciones reales.

 “Principio de calidad en la instrucción” el programa de simulación será creado por profesionales para profesionales. Al desarrollar los escenarios de simulación e intentar implementar en las prácticas una conciencia situacional correcta, es primordial que el formador sea capaz de transmitir una experiencia propia que llegue al estudiante. Si los profesores no poseen la experiencia necesaria, además de la calidad técnica y docente indispensable, el programa queda cojo. Es decir, si el instructor no ha trabajado, por ejemplo, como Vigilante de Seguridad o Escolta Privado, será complicado que comprenda las necesidades de los estudiantes. Por eso para las simulaciones se debe contar con instructores principales y todo un equipo de asesores especializados en diferentes áreas, que aportan ese entendimiento profundo de las circunstancias en las que los alumnos se ven inmiscuidos. Si el alumno legitima a su profesor y confía en lo que dice, el conocimiento será asimilado de manera mucho más eficaz.

“Principio de legalidad” el programa de simulación no sería completo si obviara el aspecto legal de las intervenciones. Valorar el entorno, significa también, valorar las consecuencias legales de las actuaciones y el marco jurídico en el que se desenvuelven las acciones de los operadores. Durante las simulaciones el programa debería disponer de expertos en materia legal, que además de dar una orientación jurídica a los procedimientos, podrá solventar las dudas legales de los participantes “in situ”. La presencia de un juez o un abogado expertos en la materia, sería de muchísima ayuda.

Diseño de los escenarios

Las detenciones, las situaciones en espacios cerrados, la protección de personalidades, los altercados con personas armadas con armas de fuego o blancas, las situaciones con vehículos involucrados, intervenciones con varias personas….todo esto es lo que el programa debería contemplar teniendo en cuenta algunos aspectos fundamentales:

-Dotación y uniformidad de trabajo. Lo ideal será entrenar con la ropa que se trabaje y con la dotación (arma, defensa, grilletes, etc) que se suela portar.

-Trabajo con vehículos. Si los vehículos forman parte del día a día del operador, deben ser un pilar en la formación del operador. No sólo deben ser entrenadas las consabidas técnicas de conducción, además debemos abordar las técnicas de desembarque y embarques en situaciones de emergencia. Concienciar al estudiante de como buscar parapeto de forma correcta con el vehículo, o como replegarse si nuestro coche ha quedado inmovilizado, pueden ayudarle a salvar la vida en una situación de gran riesgo.

-Trabajo en equipo. Se debería hacer un énfasis especial en entrenar en las unidades con las que se trabaje en la calle (binomios, trinomios, etc). No sólo debemos ajustarnos a la realidad del entorno, sino a la del apoyo inmediato. Si un operador va con un compañero, y esa es su situación de trabajo, así deberá entrenar. También creemos que fomentar la estandarización de ciertas formas de trabajo en equipo, puede contribuir a aumentar la calidad de las intervenciones.

Presencia de estrés

Debemos comprender que si el estrés forma parte de estas situaciones, también debe hacerlo de los entrenamientos. El operador de seguridad tiene que tomar decisiones, pensar y evaluar entornos y sus riesgos en lapsos muy breves de tiempo, esa es la realidad.  Un programa de simulación operativa debería contemplar este aspecto de manera pormenorizada. Si lo que se entrena no funciona bajo altas dosis de estrés e incertidumbre, no funcionará. Por lo tanto el programa debe someter al estudiante a situaciones rápidas, inesperadas y “violentas”, entendiendo que debe primar un principio de seguridad en el entrenamiento ante todo, pero forzando la necesidad de tomar decisiones en situaciones críticas. El estrés, el miedo o el pánico, deben formar parte de los conceptos teóricos y prácticos de los cursos y los entornos de simulación.

Conclusiones

Sinceramente creemos que este tipo de programas de entrenamiento deberían formar parte de todos los procesos de formación del personal de seguridad privada o pública. Estandarizando unos protocolos de formación realistas y basados en las múltiples experiencias de los agentes que se han visto implicados en intervenciones de riesgo, conseguiremos aumentar, no solo la seguridad de los operadores, sino de los ciudadanos.


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